BREVES REFLEXIONES PSICOANALíTICAS EN TORNO A LA SUBJETIVIDAD POSMODERNA
 

 

Gibrán Larrauri Olguín -  Distrito Federal , México

 

"La cohesión en el interior de un dominio reducido,
 la posibilidad de las previsiones seguras, 
el carácter absoluto de las relaciones de número, 
el hombre se adhiere a estos débiles apoyos como
 el niño a los brazos de su madre. 
¿Qué sentido tendría la cohesión y el absoluto 
de los números si hubiese un más allá -completamente otro-
 que les encerrase? ¿Si esta cohesión lo fuese todo?
 Para quien desfallece, la cohesión, el absoluto, 
no hacen más que aumentar la angustia: ningún reposo, 
ninguna certeza, incluso la no-adherencia es dudosa.
Lo real, lo posible, la cohesión y el más allá
 de la cohesión cercan al hombre por todos lados,
 como lo haría un enemigo acuciante: guerra 
sin paz ni tregua imaginables, sin victoria ni derrota deseables. . .
Clamamos por la verdad definitiva, soñamos con la paz,
 pero es la guerra lo que hay una vez más."(1)

"He vuelto a mi comienzo. Comprendo que si bien puedo, 
por medio de la ciencia, captar los fenómenos y enumerarlos, 
no puedo aprehender el mundo mediante ella.
Cuando haya seguido con el dedo 
todo su relieve no sabré más que ahora." (2)

"Creo que me he convertido en uno de los hombres huecos
mientras más brillo en el exterior en estos días.
Puedo sentir el exterior alimentándose de mi interior
dejando una creciente oscuridad en su lugar.

Creo que me he convertido en uno de los hombres huecos.

Creo que me he convertido en uno de los solitarios
justo ahora que todos me hablan.
Siento que me he convertido en uno de los hombres vacíos."(3)


Evidentemente, una pregunta se impone sobre lo que podría pensarse como obvio: ¿Qué es la posmodernidad?

Primera respuesta, por cierto insustancial: la posmodernidad es la época en la que nos encontramos. Segunda respuesta, también insulsa: la posmodernidad es la época heredera del pensamiento y de la obra de la modernidad.
Dicho lo cual, para aproximarnos a una definición de la posmodernidad es menester de primer orden dar un breve paseo por lo que es la modernidad, o mejor dicho, por lo que fue la modernidad, y de esta manera, rebasar el plano de la simbiosis de respuestas insípidas que he ofrecido que, como toda simbiosis, pocas posibilidades deja a la narración.

Pues bien, a la modernidad habría que definirla como la era en la que la razón fue proclamada como ese Otro indiviso tan ansiado por la humanidad. Época que se inicia alrededor del siglo XVIII y en base al "cogito" de Descartes (4), la modernidad instauró a la ciencia como la vía para asegurarse un futuro armónico, en donde el hombre alcanzaría la libertad, entendida ésta en términos de prosperidad intelectual y económica para todos. La modernidad representaba así el sepulcro del anciano oscurantista y el nacimiento del niño de las luces, quien, tenía todo por descubrir y todo por inventar.

Se podría decir que, en la modernidad, el barco de la humanidad se posaba enfrente del supuesto continente de la Verdad, continente que estaba ahí, esperando ser explorado para no ser más de color negro y ofrecer entonces sus insólitos frutos. El semen de la ciencia y la bengala de la tecnología serían el alumbrado y la fecundidad encargados de conquistar el dichoso continente; encargados de otorgar a la raza humana los cálculos que la llevarían a obtener el goce fálico digno de suplir lo que para cada quien fue el goce del ser. Sin duda, de este ímpetu moderno, el producto más venerado fue la revolución industrial, la cual, vino a simbolizar el cenit del reinado del intelecto, y de esta manera se convirtió en el estandarte del fin absoluto de la esclavitud.

Básicamente eso fue la modernidad y, ciertamente, muchos beneficios se alcanzaron como la cura a diversas enfermedades, tener la posibilidad de una vida más práctica gracias al óptimo almacenamiento de la información, y muchos logros más de gran importancia que no hace falta enumerar aquí; por lo tanto, quiero expresar que las siguientes líneas no proponen una añoranza por la ignorancia que precedió a la época actual.

No obstante, me parece fundamental señalar que el espíritu moderno se olvidó de que la Verdad es inalcanzable, y soslayó que ese saber que se erigía como la Verdad dejaría a los sujetos vacíos de poiesis una vez que se alcanzara. Precisamente a esto se le llama posmodernidad: "la época en la que el hombre ya no se entusiasma por un futuro que canta, prometido para antes o para después de la muerte." (5) La posmodernidad, es la época en la que impera la desilusión, en la que todo parece estar hecho, explicado, cuantificado. El dichoso continente de la Verdad se exploró, se iluminó y se fecundó al precio de dejar al sujeto ante la perspectiva del célebre "fin de los tiempos". Se cayó la casa de la ficción, de lo que podría ser, y en su lugar, tenemos la mansión holográfica de lo que es y será científicamente. Aldous Huxley llamó a esto Un mundo feliz: pura felicidad, la vida arreglada, inmunidad ante la muerte, entonces, pura muerte subjetiva. Y a las nefastas consecuencias que esto podría acarrear, y que de hecho, ya se empiezan a hacer notar, Georges Orwell les otorgó el título de 1984.
En la posmodernidad, la falta, esa que desde el fondo del inconsciente anima a vivir, es taponada por el saber sobre el objeto y por el tenerlo; un saber que me dice que todo lo nuevo es de entrada viejo y obsoleto (6); un saber que no quiere saber nada de eso que lo determina, es decir, de lo insabido, de eso que es precisamente lo que a final de cuentas constituye mi humanidad, no esa humanidad celular sino esa humanidad de la invención, del deseo.

El posmodernismo sugiere que me evite la molestia de hablar, me dice que estoy predestinado, y yo, sujeto, me lo estoy creyendo. Y debo decir que era lógico, sí, lógico que así pasara, pues, "la forclusión del sujeto es la condición del saber de la ciencia. El saber sobre el objeto es propuesto como excluyente de la verdad del sujeto." (7) La ciencia era la esperanza del modernismo en vistas a una vida de equilibrio, y ahora, se convierte en la victimaria de esa esperanza de la que nació.

De lo insípido a la angustia. Estos parecen ser los caminos que propone la posmodernidad: la banalidad del consumismo y la sangre de la producción gracias al conocimiento sobre el objeto y en beneficio último de éste, conocimiento que, paradójicamente, está llamado a ser el alivio para el dolor de existir.

1) La subjetividad en la posmodernidad.

¿En dónde queda el sujeto dentro de la cultura posmoderna?

Si tomamos en cuenta que dicha cultura se rige mayoritariamente por una posición perversa, una posición que intenta volver objeto al sujeto con productos de todo tipo, los cuales se ofrecen como el mastique para resanar la falta, podemos decir que el sujeto en la posmodernidad está siendo destinado a la vitrina, al encierro en sí mismo.

Justo cuando el mundo se haya globalizado, y existen diversas posibilidades para construir lazos sociales, es cuando el hombre se ha encontrado más solo, a disposición de los fármacos legales e ilegales y a la merced de la ola ligth que se propone como la acompañante de un cuerpo que aspira a la perfección. Y se halla así, solo, debido a que su palabra ha pasado a último plano y lo que parece tener primacía es el supuesto poder que ostente, o sea, el número y valor de bienes con los que cuente, el saber del que se haga acreedor sobretodo en materia de avances científicos y tecnológicos, así como el número de personas de las que disponga. Si lo importante no es más el diálogo sino las posesiones, el sujeto queda entonces anulado, reducido él también al número de matrícula y de cuenta; el sujeto, se extirpa así de su singularidad para enjaularse en la inmensa masa consumista, perfilándose hacia el individualismo.

El éxito de esta operación de ninguna manera radica en que los sujetos sean predominantemente perversos, como podría deducir un pensamiento simplista, al contrario, si lo que popularmente es conocido como "consumismo" tiene éxito, es porque éste se ofrece como la solución a la histeria, como la solución a la pregunta por el goce ausente y como la solución a la pregunta por el saber sobre el síntoma. La tragedia llega cuando el sujeto descubre, consciente o inconscientemente, que está jugando un juego perdido de antemano en el que él confiaba encontrar el complemento. De esta forma, la posmodernidad, paulatinamente va secando toda ilusión de progreso con respuestas materiales cada vez más sofisticadas, en el sentido de que intentan "convencer" de que representan la pieza faltante al rompecabezas de la subjetividad, demostrando al final no serlo. Todo sueño por alcanzar el goce fálico (ideal del yo) de acuerdo a los preceptos de la modernidad se está muriendo, y en su lugar, avanza por el camino pavimentado por la tecnología ese goce mortal y sin intermediarios que es el goce del ser (yo ideal) (8), un goce que es la nada omnipotente, enemigo del discurso, por ende, enemigo del sujeto de la demanda.

La posmodernidad suele hartar y decepcionar al sujeto. Es por esta razón que día a día vemos multiplicarse los suicidios, los asesinatos, las violaciones y demás atrocidades, muy a menudo bajo la bandera del clasismo, del racismo y del célebre "género", siempre con el canto de diferenciarse y a la vez ejercer el re-clamo en virtud de mantener la falta, pues, en el sujeto posmoderno "se enfrentan dos fuerzas contrarias, una de las cuales corre el riesgo de suprimir a la otra y de devorarla en su victoria. ¿Qué hacer, si no arrojar la parte propia de nada sobre alguien?" (9). Siendo así, todos esos crímenes que rompen la Ley no representan más que el intento por ratificar el deseo, por darle su lugar a la falta, la cual se reiteraría gracias al peso de la ley que sanciona judicialmente esos actos -en el mejor de los casos- y de esta manera, darse un lugar propio, aunque sea un lugar nada cómodo. Sí, accionar al estilo Meursault parece estar en boga estos días (10).
En este sentido, me viene a la memoria Michael Moore, a quien por cierto de ninguna manera se le podría calificar de justiciero o de revolucionario, y quien en su muy difundida película Masacre en Columbine, se preguntaba por qué los estadounidenses tienen el índice más alto del mundo en cuanto a mortandad por arma de fuego. Pienso que la respuesta siempre estuvo en su documental pero al parecer el cineasta no pudo cernirla del todo, más allá de que haya sentado las bases para poder hacerlo. Siendo el país encargado de la punta de la economía y el armamentismo, los cuales se sustentan por una política positivista de lo útil como verdadero, Estados Unidos de Norteamérica es sin duda el centro posmoderno por excelencia, en consecuencia, sus ciudadanos son los más propensos a sufrir las consecuencias de la anulación perversa (cuál otra) que, por cierto, opera en especial en quienes más recursos económicos tienen (11). La salida a ese estado objetal muchas veces es la violencia a diestra y siniestra.

De lo anterior, tal vez divagando un poco, y hablando desde el contexto social en el que he advenido como sujeto, se desprende la necesidad de que en México se conserven los ritos que han contribuido a darle popularidad a este país, ya que estos mitos llevados a la acción constituyen una barrera ante la corriente utilitaria que emana del culto a la ciencia. Esos ritos, como el día de los muertos (2 de noviembre) y el día de los reyes magos (6 de enero), por citar dos ejemplos, se forman en base al condicional, en base a un modelo terciario, como ocurre con la subjetividad en el teatro edípico. En contrapartida, la ciencia se produce en base al código binario, en base a lo falso y a lo verdadero, con la mira siempre puesta hacia el terrero de lo verdadero, de lo comprobable, pues como ya lo he adelantado, no obstante que también se inicie en base al condicional, los logros de la ciencia siempre aspiran a borrar de la hoja las hipótesis de las que surgieron. Esta es la razón primordial para conservar esos ritos, más allá de la nostalgia y del nacionalismo, es una razón que no dudo en llamarla de salud pública.

Por otro lado, y en cuanto a la sexualidad, habría que decir que esta época posmoderna aparentemente la ha beneficiado. La represión que en la modernidad imperaba, y que se empeñaba en ocultar o al menos postergar lo más posible el goce que de la cópula se podía extraer, ha sido abatida por los slogans de liberación y saber-hacer con el cuerpo que reclaman el tiempo que se desperdició sin gozar. Es así como el encuentro carnal está siendo utilizado como el anzuelo para vender cualquier producto. Actualmente, el mensaje que impera en la publicidad es el de que obteniendo cualquiera de las mercancías que bombardean a la población en todas partes y a toda hora, el orgasmo está asegurado. Al respecto Pommier afirma: "El placer sexual, hasta ayer nocturno y secreto, hoy se vuelve obligatorio: los medios de comunicación hablan de él todo el tiempo. El orgasmo se convirtió en un deber." (12) Ya todo se vale en pro del goce sexual, el chiste es no quedarse out de la plena satisfacción. Desafortunadamente, aquí también la posmodernidad termina por demostrar el engaño. Desde el psicoanálisis sabemos que:

""la relación sexual no existe", pues no existe como rapport, como relación que se establece en la lógica, y no existe como reaporte de lo que cada uno perdió al entrar en la vida como efecto de la sección, de la sexión, de la resección del goce que se llama castración." (13)

Por este motivo, la caída no tarda mucho en presentarse para quien confía en el acabamiento mediante la vía del coito. La obligación por el éxtasis vía la cópula es una obligación que de ninguna manera se puede cumplir sin que allí desfallezca el humano mismo y por consiguiente, el deseo. La decepción está asegurada para quien se aventura en este terreno posmoderno esperando la felicidad total. Las consecuencias, la mayoría de las veces no son muy agradables, empero, esta decepción es en repetidas ocasiones el camino que lleva a los sujetos a la demanda de análisis.

Y hablando de análisis, ¿qué papel juega éste en la era posmoderna?

2) Psicoanálisis y posmodernidad.


He dicho que la posmodernidad, al regirse por una posición predominantemente perversa puesto que intenta objetalizar la subjetividad, provoca que los sujetos estén a merced del Yo ideal, Yo ideal que nos es otra cosa que el regreso de ese goce que tiende a obturar la palabra y que se conoce como goce del ser. También he esbozado que este suceso es la principal razón por la cual actualmente los delitos que más conmueven a la sociedad, y los espectáculos de glotonería y exhibicionismo que los mass media difunden, se reproducen de manera que rozan el hábito. Sin embargo, no he mencionado que el sujeto posmoderno encuentra comúnmente otra vía para demostrar que su deseo no ha sido aplastado, y que su demanda persiste por encima de la cultura del hartazgo. Esa otra vía consiste en recurrir a quien en teoría podría restablecer el deseo, y ese alguien resulta muchas veces ser todo sujeto inmiscuido en el campo psi. Psicólogos, psiquiatras, psicoterapeutas y por supuesto, psicoanalistas, son los profesionales a quienes cada vez más se les solicita su ayuda, sus "soluciones".

Lamentablemente, y me atrevo a decir que hasta por regla, la psicología, la psiquiatría y su conjugación, la psicoterapia, no hacen más que agravar, aletargar, ocultar y/o sustituir el malestar que aqueja al sujeto que recurre a ellos al designarle implícita y explícitamente el objeto de su deseo. La psicología lo hace al producir y difundir explicaciones ontológicas sobre el origen del síntoma y su probable desaparición, explicaciones que no rebasan el plano del Yo y de lo socialmente esperable. La psiquiatría lo hace adormeciendo el síntoma con drogas, basándose en las consecuencias biológicas del malestar y en las clasificaciones que otorga el DSM en cualquiera de sus presentaciones y revisiones. La psicoterapia lo hace tratando de "re-adaptar" al sujeto a su "medio" proporcionando consejos, dinámicas y tareas que son en sí la propuesta de curación de la existencia, pues, la psicoterapia, según me dijeron en mi formación como psicólogo, "reeduca a los individuos" (14). Los resultados de cualquiera de de estas estrategias en la que el profesional difícilmente puede caer del lugar del Sujeto supuesto Saber, van de lo indiferente a lo horroroso para el paciente quien primero recorrerá el camino de la sugestión.

Claramente he puesto al descubierto que el psicoanálisis es a mi entender el dispositivo congruente con la demanda del sujeto posmoderno, y de todo sujeto en general, ya que en suma, dicha demanda es la de poder abrir la vereda del deseo.

Con Freud y Lacan, hemos entendido que el psicoanálisis está llamado a ser el espacio en donde el sujeto se encuentra con su castración, con su medio decir, y que ese encuentro está destinado a abrir las puertas del deseo, es decir, las puertas del amor, y el amor es dar la falta, precisamente aquello que actualmente es obturado en gran parte de la población a nivel mundial.

El sujeto posmoderno encarna la creencia de que ya no hay nada más que ofrecer ni que le ofrezcan, siente que la pulsión está siendo satisfecha. Entonces, hoy más que nunca, el psicoanálisis -que dicho sea de paso es un dispositivo surgido gracias a la modernidad y no de manera paradójica sino lógica- se perfila como la barrera al Yo ideal y como la vereda por donde con sus acciones el sujeto construye su historia hacia el ideal del Yo, un ideal por siempre incompleto y por eso, prolífico, en la medida en que mantiene latiendo al deseo. Así pues, la función del psicoanálisis no es curar la falta sino darle su lugar, mostrar la incompletud de lo que hoy pretende ser completo, mostrar, en fin, los límites que la muerte impone y que hoy día parecen ya no vislumbrarse, lo cual, no conduce a otro lugar que a la anestesia perenne. Hay que recordar que: "El hombre esta hecho a la medida de la muerte, hasta tal punto que, lejos de sucumbir al espanto, es la visión del espanto lo que le libera."(15)

"Por esto el psicoanálisis no está destinado a adquirir un saber que asegure la plena armonía del sujeto con el mundo. Ningún saber podría eliminar el saber del inconsciente que en su insistencia repetitiva manifiesta la inevitable ausencia de armonía en esa relación" (16)

La función del psicoanálisis en la posmodernidad es la función de siempre en especial desde la enseñanza de Lacan, sólo que hoy es una función que resulta evidente, y que por lo mismo, deja poco a refutarle.

"La opción para el sujeto es clara: entre el goce y el deseo, una de dos, o la angustia por la falta de la falta. . .o el amor que es dar la falta, la castración, el -j, lo único que podrá permitir la condescendencia de uno al otro."(17)

Se trata entonces de que el deseo del sujeto advenga en el lugar que es ocupado en la posmodernidad por el goce obtenido gracias a los objetos; de atravesar la esclavitud que dirige el amo del discurso de la ciencia basada en la ordenanza de trabajar por la eficacia. Así, lo demás será pura falla, nada de perfección científica ni de puro saber del mismo orden sino pura humanidad: la vida con su imprescindible carencia de estructura y las posibilidades que ésta abre para accionar por propia cuenta, y no en determinación de las exigencias de la tramposa cultura consumista que, en el fondo, reduce la acción a la mera contemplación, y de esta forma, se ha convertido en una especie de reactor nuclear del síntoma al agudizarlo con un saber que supuestamente lo desaparecería. Así, quedará claro que lo real es predominantemente inaprensible.

Sin duda, muchos cuestionamientos, e incluso, enconos, surgen a partir del determinismo de estas breves reflexiones. Ya habrá tiempo para apalabrarlos. . .

México, D.F., febrero-junio 2005.

 
Bibliografía
 
Referencias

(1) Georges Bataille (1973), El culpable, Madrid, Taurus, 1986, p. 79.

(2) Albert Camus (1953), El mito de Sísifo, Buenos Aires, Losada, 2004,p. 33.

(3) "I think I have become one of the hollow men as I shine one the outside more these days. I can feel the outside feeding on my inside 'leaves a growing darkness in it's place// I think I have become one of the hollow men.// I think I have become one of the lonely now that everybody talks to me. I feel I have become one of the empty." Extracto de la letra de la canción "The hollow man" escrita por Steve Hogarth y John Helmer aparecida en el álbum Brave de Marillion. EMI Records. 1994. (Traducción mía.)

(4) Daniel Gerber, "El psicoanálisis y la razón moderna", Acheronta, núm. 16,
www.acheronta.org/acheronta16/razonmoderna.htm, 2002, p. 1

(5) Gérard Pommier (2000), Los cuerpos angélicos de la posmodernidad, Buenos Aires, Nueva Visión, 2002, p.9.

(6) Para profundizar en este punto el lector puede consultar la primera de las Tres conferencias sobre el síntoma de Jacques-Alain Miller titulada "El síntoma y el cometa."

(7) Frida Saal (1986), "El saber y la verdad", en Néstor Braunstein, El discurso del psicoanálisis, México, Siglo XXI, 1997, p.164.

(8) Para profundizar en este punto el lector puede consultar el capítulo número 3 del libro ya citado de Pommier.

(9) Gérard Pommier (2000), Los cuerpos angélicos de la posmodernidad, Buenos Aires, Nueva Visión, 2002, p.25.

(10) Meursault es el apellido del personaje principal de la novela El extranjero de Albert Camus, personaje cuya personalidad es descrita como apática e insensible, y que es sentenciado a ser decapitado por haber acribillado a un árabe en la playa, sin aparente motivo alguno.

(11) Un claro ejemplo de esta anulación de la que hablo la encontramos en la vida que los hijos de algunas celebridades llevan. Se trata de niños destinados a la anorexia, puesto que a su corta edad, son saturados por sus padres (entiéndase Madonna, John Travolta, Sharon Stone, etc., etc.) con lujos de todo tipo que, lejos de "estimular" su intelecto lo destinan a la sequía, pues lo que hacen es tratar de desaparecer de manera soberbia la carencia de la que son portadores por el sólo hecho de hablar. Ya veremos qué pasa con esos celebrity kids en unos años.

(12) Gérard Pommier (2000), Los cuerpos angélicos de la posmodernidad, Buenos Aires, Nueva Visión, 2002, p.68.

(13) Néstor Braunstein (1990), Goce, México, Siglo XXI, 1999, p. 29.

(14) Frase "cumbre" de mi profesora de la materia de Psicoterapia II cuyo nombre prefiero no dar a conocer, y quien también mencionaba que existen más de 250 dispositivos psicoterapéuticos con lo que me ratificó (sin querer) la banalidad y la atrocidad que puede alcanzar la psicoterapia en general.

(15) Georges Bataille (1973), El culpable, Madrid, Taurus, 1986, p. 45.

(16) Daniel Gerber, "El psicoanálisis y la razón moderna", Acheronta, núm. 16, www.acheronta.org/acheronta16/razonmoderna.htm, 2002, p. 15

(17) Néstor Braunstein (1990), Goce, México, Siglo XXI, 1999, p. 91.


Bibliografía.

American Psychiatric Association. (2002) Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales: DSM-IV-TR. Barcelona: Masson.
Bataille, G. (1986)
El culpable. Madrid: Taurus.
Braunstein, N. Comp. (1997) El discurso del psicoanálisis. México: Siglo XXI.
Braunstein, N. (1999) Goce. México: Siglo XXI.
Camus, A. (1942)
L'étranger. Paris: Gallimard.
Camus, A. (1952) El mito de Sísifo. Buenos Aires: Losada.
Fundación del Campo Freudiano. Comp. (1998)
El síntoma charlatán. Buenos Aires: Paidós.
Gerber, D. (2002)
"El psicoanálisis y la razón moderna", Acheronta, núm. 16, www.acheronta.org/acheronta16/razonmoderna.htm
Huxley, A. (2000)
Un mundo feliz. México: Porrúa.
Orwell, G. (2002) 1984. México: Tomo.
Pommier, G. (2002)
Los cuerpos angélicos de la posmodernidad. Buenos Aires: Nueva visión.